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lunes, 29 de abril de 2013
MONUMENTOS
Monumentos de la Ciudad Imaginada.
A continuación, podrán ustedes observar detenidamente diferentes fotografías y vídeos sobre una ciudad que tal vez algún día, llegue a desaparecer.
Al olmo
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
lunes, 15 de abril de 2013
Cuando los árboles hablaban
Allá por los tiempos del cólera en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, habitaban en una ciudad imaginada y caótica unos árboles que poco a poco iban languideciendo. No sé, posiblemente la ciudad no acompañaba. Seguramente, aquellos que siempre estaban allí sin salir no se daban cuenta. Pero otros, los más aventureros, cada vez que regresaban a su ciudad, a sus alrededores, a su casa, lo veían cada vez más claro. Los árboles se sublevaban contra la humanidad. Aquello no podía continuar.....
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