Erase una vez un enorme pájaro que volaba sobre una ciudad, persiguiendo a las tristes cigüeñas que habitan en los campanarios de las iglesias de esta ciudad. La tristeza se había apoderado de los habitantes porque las cigüeñas habían desaparecido de esta ciudad. No había bebes y la maternidad era un lugar vacío de silencio. Pasaba el tiempo y el enorme pájaro cada vez era más dueño de los cielos y de los lugares altos, hasta que un humilde gorrión decidió enfrentarse al maligno volador y a sus aliadas las palomas. El pequeño gorrión con la ayuda del alegre canario idearon un plan para acabar con el malvado pajarraco. Su plan consistía en acercarse e introducirse en la boca del pajarraco y ahogarle, aunque eso significase su propia muerte agónica y lenta.
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lunes, 15 de abril de 2013
El canto del gallo
La ciudad dormía en medio de la tranquilidad de la noche. Sólo se escuchaba el ulular del cárabo, monótono y cansino. De repente, en el interior de la casa, un sonido metálico ahogó el canto del gallo que siempre anunciaba el amanecer.
El pepino de la felicidad
Había una vez una ciudad en la que todos sus habitantes estaban muy tristes. No sabían a qué se debía aquella tristeza.
Un día, el alcalde, reunió a los sabios más sabios de todo el continente. Cada uno de ellos fue aportando diversas ideas que fueron poniendo en práctica pero ninguna de ellas solucionó el problema.
Lucas, un joven de la ciudad, viajó a un pueblo cercano a visitar a un familiar. Este, al verle tan triste, le regaló unas semillas para que las plantara asegurándole que sería la solución al problema de su ciudad.
Lucas le hizo caso y al poco tiempo crecieron uinas hermosas plantas de pepino. Al coger el primer pepino sintió unas inmensas ganas de reir. No podía parar de reir. Sus vecinos al escuchar la risa, fueron a ver qué pasaba. Lucas repartió los pepinos entre todos sus vecinos los cuáles, al tocarlos, empezaron a reir y así poco a poco la ciudad recuperó la alegría.
La llegada del camaleón
En la zona suroeste de nuestra ciudad imaginaria vive el pequeño Tom, un jovencito al que le encanta tocar la guitarra con su banda "Los Ñeques", un grupo musical roquero con una fama más que consolidada en la ciudad. Todas las semanas se reúnen en La Caseta, una cabaña de madera que construyeron desde bien pequeñitos y todavía hoy en día siguen decorando y haciendo de ella su pequeño hogar de las tardes, momento en el que ensayan y preparan sus composiciones. El afamado niño Tom tenía últimamente un poco descontentos a sus padres por las travesuras y malas contestaciones que les daba, así que decidieron hacerle el regalo que siempre había deseado para intentar así corregir su conducta: ¡un camaleón!
¡Qué ilusión más grande tener un nuevo miembro en la banda! Tom no solamente ha cambiado de actitud si no que además su gran regalo ha sido un elemento motivador para seguir cosechando importantes éxitos que dentro de muy poco tiempo van a poder ofrecer en un concierto multitudinario a todos sus seguidores en el Pabellón de los Deportes.
LOS HOMBRES DE VERDE
Hace muchos años, existía una ciudad en una isla perdida del Pacífico Sur. Sus habitantes eran de color verde y medían un metro y veinte centímetros, todos iguales.
Todos menos uno, que era azul celeste y medía dos metros. Vivía en un castillo rodeado de un foso que estaba lleno de tiburones de color blanco. El pobre estaba muy solo porque nadie se acercaba porque les daban miedo los tiburones y su aspecto.
Un día empezó a llover, las gotas eran de colores. El señor del castillo salió al patio y a medida que le caían las gotas amarillas, su piel se volvía cada vez más verdosa y su tamaño se hacía más pequeño.
Con el agua, también los tiburones cambiaron su color y su forma. Se convirtieron en bonitos peces de colores. El foso parecía ahora un gran acuario.
Los habitantes de la ciudad al ver el cambio que se produjo se acercaron hasta el castillo y a partir de entonces todos convivieron juntos.
Todos menos uno, que era azul celeste y medía dos metros. Vivía en un castillo rodeado de un foso que estaba lleno de tiburones de color blanco. El pobre estaba muy solo porque nadie se acercaba porque les daban miedo los tiburones y su aspecto.
Un día empezó a llover, las gotas eran de colores. El señor del castillo salió al patio y a medida que le caían las gotas amarillas, su piel se volvía cada vez más verdosa y su tamaño se hacía más pequeño.
Con el agua, también los tiburones cambiaron su color y su forma. Se convirtieron en bonitos peces de colores. El foso parecía ahora un gran acuario.
Los habitantes de la ciudad al ver el cambio que se produjo se acercaron hasta el castillo y a partir de entonces todos convivieron juntos.
Cuando los árboles hablaban
Allá por los tiempos del cólera en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, habitaban en una ciudad imaginada y caótica unos árboles que poco a poco iban languideciendo. No sé, posiblemente la ciudad no acompañaba. Seguramente, aquellos que siempre estaban allí sin salir no se daban cuenta. Pero otros, los más aventureros, cada vez que regresaban a su ciudad, a sus alrededores, a su casa, lo veían cada vez más claro. Los árboles se sublevaban contra la humanidad. Aquello no podía continuar.....
Ciudad sin tijeras
Érase una vez una pequeña ciudad invadida de largas melenas. Sus habitantes andaban escondidos entre largas cabelleras que ya no sabían como recogerse. Habían probado todo tipo de estrategias: trenzas, moños, coletas, macrohorquillas, palos chinos, sujetatirabuzones, pero nada; todo era inútil para controlar aquellas desbocadas melenas.
Una soleada mañana de agosto llegó a nuestra ciudad un extraño personaje. Su pelo azul tenía forma de estrella. Éste le llegaba a la altura de los hombros, en él habitaban pequeñas mariposas de muchos colores. LLevaba consigo una mochila parlanchina, brillante que despertó la curiosidad de los habitantes de la ciudad. Al llegar a la plaza mayor apoyó su mochila en el suelo y ésta empezó a bailar por todos los rincones del lugar. Esto provocó que todos los niños se acercaran a escucharla y preguntaran por su contenido.
Pelo azul empezó a sacar objetos de la mochila: tijeras, peines, tintes, rulos, pinzas...Algunos se escondían pero los más atrevidos comenzaron a formar una fila delante de él.
Al día siguiente la ciudad había cambiado totalmente su aspecto. Sus habitantes se mostraban con sus cabelleras de colores, de distintas formas: rastas, pelos de punta, cortes imposibles, cabezas peladas...Orgullosos se hacían miles de fotografías que colgaron en este blog.
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Otro extraño día
Otro extraño día
Me levanté una vez más totalmente sola. Quería olvidar la pesadilla que me conducía una y otra vez a la ciudad donde murió mi padre. Me preparé un café bien cargado cuando volvió a sonar el móvil. La taza se hizo añicos. Cogí la escoba para barrer los pedazos. Bajé la basura dispuesta a dar una vuelta. Algo se asomaba por el buzón. Otra vez no, pensé. Goteaba sangre de nuevo. Debía volver a la ciudad, no quedaba otra solución. Cogí mi pasaporte y salí corriendo a buscar un taxi, dejando, lo que supuse sería otro macabro recuerdo para mis vecinos.
Me levanté una vez más totalmente sola. Quería olvidar la pesadilla que me conducía una y otra vez a la ciudad donde murió mi padre. Me preparé un café bien cargado cuando volvió a sonar el móvil. La taza se hizo añicos. Cogí la escoba para barrer los pedazos. Bajé la basura dispuesta a dar una vuelta. Algo se asomaba por el buzón. Otra vez no, pensé. Goteaba sangre de nuevo. Debía volver a la ciudad, no quedaba otra solución. Cogí mi pasaporte y salí corriendo a buscar un taxi, dejando, lo que supuse sería otro macabro recuerdo para mis vecinos.
La ciudad imaginada y la enfermedad
En la ciudad imaginada la enfermedad invadió cada rincón, cada esquina, cada casa. Todos los seres humanos, animales y vegetales estaban pereciendo del hastío, la pena y la impotencia de no poder hacer nada más allá que realizar movimientos absurdos, marcando un giro a la izquierda de 90º .
El movimiento general formaba una onda tal que recordaba a un barco en una marejada fuerte y crispada.
El movimiento general formaba una onda tal que recordaba a un barco en una marejada fuerte y crispada.
EL SUEÑO DE SER FUTBOLISTA
Érase una vez una ciudad sin deportistas en la que vivía un niño cuyo sueño era ser futbolista. Cada noche se acostaba con el misma ilusión, meter goles y ser el mejor delantero del equipo.Pero tristemente se levantaba cada mañana y descubría que en su ciudad nadie quería ser deportista. Se preguntaba si en otros lugares lejanos habría niños que les gustara el balón y meter goles como a él. Una noche apareció una hada con su varita mágica que hizo realidad sus sueños mientras él dormía. Al despertar escuchó en la calle el bote de un balón, rápidamente se asomó a la ventana y descubrió un gran campo de fútbol en el que sus amigos del cole jugaban y se divertían. A partir de ese día, Pablo, no paró de jugar al fútbol y soñar con ser un gran futbolista.La ciudad imaginada y los animales
Esa mañana la ciudad
despertó totalmente cubierta de nubes. El aire soplaba fuertemente y
los árboles se balanceaban. La gente caminaba por las calles
cabizbaja y sin rumbo. Algo estaba sucediendo, pero nadie sabía que
ocurría.
Una extraña tarde
Estaba nevando y me clavé una chincheta en el pie, mientras observaba en un escaparate un cohete que viajaba al espacio en una gran televisión. A su vez un árbol me habló y me dijo ¿qué solo estás? ¿No conoces a nadie en esta gran ciudad? La nieve comenzó a derretirse y me caí. En el suelo me hablo un gnomo que me susurró ¿No has escuchado en los altavoces de la ciudad que hoy no se podía salir?
Un extraño día Grupo 10,
UN EXTRAÑO DÍA
Estaba totalmente desierta. Al principio sentí un pequeño, más bien gran escalofrío, recorriendo todo mi cuerpo, pero decidí cruzar aquella línea imaginaria que separaba la ciudad de lo demás.
Algo o alguien debió pensar lo mismo que yo porque oí pasos detrás de mí. Al principio pensé que el viento había derribado una escoba y, chocando contra el buzón de la pequeña casa de las tejas rojas había crujido como unos pasos en la nieve. Pero tras volverme sobresaltada, comprobé que era él.
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